Pliego suelto IV – Raúl Rojas

IV

Me di cuenta de que era un sueño al entrar en la ciudad porque parecía imposible que fuera tan futurista y llena de árboles; y León no es así. Pasó un rato y como el sueño no terminaba, quise buscar la casa donde nací. Allí encontré a mi papá y a mi mamá. Mi papá, que falleció hace unos meses, estaba acostado y lucía como a sus 90 años. Pensé que, al ser un sueño, podría hacer lo que quisiera. Entonces lo abracé, deseando que fuera más y más joven cada vez, y al terminar el abrazo lucía como hace cuarenta años. Se quedó sentado platicando con mi mamá, que también lucía como hace cuatro décadas. Los dejé allí y salí a buscar la casa donde actualmente vivo.

Entré y vi a mis hermanos y hermanas. Les conté que, de donde venía, las cosas eran diferentes, y les dije que acá nuestro padre había fallecido. Quedaron descorazonados. Uno de mis hermanos me dijo, quédate aquí con nosotros. Le respondí que no dependía de mí, que si me despertaba simplemente desaparecería de entre ellos.

Mi papá y mi mamá llegaron a la casa y, después de platicar con toda mi familia, les dije que era hora de regresar. Subí al cuarto que corresponde al mío y me acosté. Antes de despertar aquí, desperté acostado en otro sueño en el que estaba enfermo y mi mamá y mi hermana mayor me cuidaban. No dije nada. ¿Ya estás mejor?, me preguntó mi mamá. Yo solo cerré los ojos y seguí intentando despertar.

Entonces desperté aquí, con el calor, con la violencia, con la zozobra de aquí. Ahora estoy con ustedes, pero en verdad no saben si soy yo o si soy el Raúl de otro lugar que está de paso, mientras no despierte en su verdadera realidad.


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