Todos estamos rotos – Raúl Rojas

«Todos estamos rotos… y así es como entra la luz», dice Ulises Torres en su libro La fe de las ballenas. Sin afán de alegorizar la tristeza o estar contento, esa frase tiene toda la razón. Estos versos me hacen pensar en toda la luz que tengo, pero sobre todo, en qué rotura viene.

No confío a la primera en algo o alguien, ni a la segunda; no es que sea un ermitaño, al contrario, pero me cuesta mucho confiar. Eso debe ser fisura. Soy sumamente puntual; eso debe ser luz. Que no me gusta perder el tiempo no puede ser fisura, porque pierdo el tiempo en muchas cosas. No hacer perder el tiempo a los demás, por ejemplo, con una persona con la que tengo cita, se acerca más a luz, porque la fisura debe estar en mi cuerpo.

Me gusta que las cifras terminen en cero; no sé si eso es fisura o luz. Creo que es fisura. Que la mayoría de las cosas terminen en cero me ayuda a recordar cuántos pasos di caminando o corriendo, y a hacer más rápido las cuentas. Siempre que hago una operación, la realizo con las cifras más cercanas que terminen en cero, y luego sumo o resto la diferencia con la cifra original. Entonces, que todo termine en cero debe ser fisura, y la razón es porque está en mi mente.

No hablo ni opino si no me concierne, si no estoy seguro de que es cierto o coherente lo que diré. Eso debe ser fisura. La opinión no debe alinearse con ningún otro cuerpo, salvo con el nuestro, y querer que todo esté emparentado con otra opinión está, como mínimo, mal encaminado. En este caso, no reconozco dónde o cuál es la luz.

Siempre reviso de qué color, consistencia y textura son mis heces. Eso, sin duda, es luz. La fisura se trata de algún tipo de miedo, un miedo a que la parte más sucia de mí me anuncie que tengo un mal irreversible. Es una fisura que separa mi mente en dos, no en hemisferios, sino en razonable y perturbada.

Todos estamos rotos
y así es como entra la luz.
Por eso hay un orificio
en la cresta de las ballenas.

Revelaciones - La fe de las ballenas

Mi espiráculo debe ser miedo, o mejor dicho, todo tipo de miedos, porque esos sí están en mí. La rotura que causa en mi cuerpo el miedo al color de las heces me permite comer sanamente. El miedo a detenerme me hace correr, y correr pasos terminados en cero me permiten recordarlos y llevar un recuento mental por semanas y meses. Mi puntualidad, amabilidad, exactitud, conocimientos y amigos: son luz, me permiten confiar. Confiar es luz que proviene de la ruptura de no confiar, ni siquiera en la aplicación que me dice cuántos pasos he dado.

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