III
Han pasado tres semanas desde que Angélica se suicidó, y hoy se cumple un mes exacto desde que nos separamos. No me atreví a tomar la pluma antes porque dolía demasiado. Pero hoy, su ausencia me ha aislado. Es hora de escribir sobre ella porque todavía siento esa tristeza por haberla perdido. El duelo de su muerte se ha superpuesto al dolor de nuestra separación. Estoy de mal humor, porque todavía debería tener miedo de perderla para siempre. Todavía reviso sus mensajes con la esperanza de convencerme de hablar con ella, y luego de convencerme, hablarle. Esperar a que su orgullo le permitiera contestar uno de mis mensajes y discutir. Preguntarle cómo está, escuchar que está triste, decirle que yo también lo estoy, que nos parecemos en eso y en la forma en que pestañeamos. Luego dedicarle una canción y escuchar la que ella tiene para mí. Pero de todas las cosas imposibles, esa es ahora la más imposible.
La conocí hace ocho años, tenía los ojos en forma de arco y las pestañas tupidas, pero eso ya no importa.


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